jueves, 16 de febrero de 2017

La montaña dormida V

Roger Schulz, en la soledad de su despacho, escribía en una pequeña libreta de cubierta dorada. Pocos conocían el lenguaje que empleaba junto a pequeños dibujos y símbolos que impregnaban los márgenes de las hojas. Se tomaba su tiempo deslizando suavemente la pluma sobre el papel, perfilando cada curva, cada signo. Un golpe en la puerta rompió su concentración. A un gesto suyo, se abrió sin que nada o nadie pareciese haberla tocado y un hombre entró con paso firme.  Unos pocos metros bastaron para que ambas miradas se cruzaran fijamente. En la intensidad de la batalla por aguantarse la mirada, una fría voz inquietó a Schulz, aunque no lo suficiente para que aflorara en su rostro. Lentamente alzó una mano para invitarlo a tomar asiento, pero su oferta fue declinada.
El encuentro entre ambos era cada vez más difícil. Schulz intuía un final cercano y la furia que podía leer en sus malvados ojos solo significaba un porvenir turbulento. No siempre había sido así, no siempre había reflejado una mirada feroz henchida de orgullo ni una decepción y rencor que minaron el amor del pasado. Desde su primer encuentro, el conocimiento y respeto mutuo los unió hasta que la ambición en pos de sueños locos los fue separando irremediablemente.
A penas era un niño cuando lo recogió una fría noche junto a un montón de basura. Parecía un bulto más entre las bolsas acumuladas, cubierto por una fina capa de humedad y escarcha. Con cuidado lo estrechó entre sus brazos procurando tenerlo abrigado junto a su pecho. Acelerando el paso, llegó a su casa donde inmediatamente preparó un baño de agua caliente para reanimar aquel cuerpo que apenas daba señales de vida.
Aún encogido en la bañera, su rostro fue poco a poco recobrando el color de sus mejillas y, por primera vez, pudo ver con total claridad sus ojos. La inocencia y la curiosidad de la infancia no habían desaparecido a pesar de la dureza de la calle; sin embargo, si te adentrabas en la profundidad de ese verde intenso, un turbulento torbellino de sentimientos en ellos avisaba de un peligro, de un alma que se negaba a distinguir entre el bien y el mal. Creyó haberse equivocado, pero la alarma que resonaba en su cabeza se negaba a olvidarlo: no confundas confusión con desconocimiento, el sujeto de una voluntad poderosa no distingue entre actos buenos y malos, solo en la culminación de objetivos impuestos a su capricho. Palabras leídas en algún viejo libro que resonaron largo tiempo en su cabeza mientras el niño abandonaba la niñez para abrazar una adolescencia que adolecía de falta de compañía, pero rebosaba de ansia de conocimiento. Ignoró las señales durante años debido a su propio egoísmo pues sus largos viajes en busca de saberes ancestrales confinaron al niño en una jaula dorada sin referente en el que apoyarse.
Hubo un tiempo de tregua entre tantas acusaciones y excusas. Una sonrisa de tristeza afloraba en su rostro cuando traía a su mente tan felices recuerdos. No era capaz de recordar ningún otro con semejante sentimiento, ni siquiera cuando lo sobrenatural dejó de ser un estudio sobre papel. La magia los unió, el dominio de la misma les enfrentó y la locura los separó.
Ahuyentó los viejos fantasmas del pasado y se concentró en el presente, en una conversación que parecía tornarse en la última entre ellos. Cerró su libreta, musitó unas palabras e invitó a hablar a su hijo…

 Emaleth

jueves, 31 de marzo de 2016

La historia

Cogió el bolígrafo y firmemente se enfrentó a la hoja en blanco. No había pensado en ningún momento sobre qué podía escribir pero no era su prioridad. Debía captar la atención del lector en el mismo instante en que sus ojos se posaran sobre el folio, y puesto que no disponía de ninguna portada, un buen título tendría que servir como presentación ineludible a la historia.
Tras cuarenta minutos y diez hojas después, ya disponía de unas letras elegantemente curvadas y remarcadas para darlas profundidad y profesionalidad.
El bolígrafo entre sus labios, la mano izquierda posada sobre su frente y la mirada perdida en el horizonte: esa era la foto que le gustaría ver en la contraportada de su libro.
Una hora más tarde, el bolígrafo hacía tiempo que se había precipitado de sus labios, la mano izquierda sujetaba su cabeza y sus ojos cerrados le permitían ver más allá del horizonte.
Una imagen tras otra fue componiendo una increíble historia de aventuras, intriga, pasión e, incluso, comedia. Era una historia que no  podía dejar indiferente a nadie. El final se acercaba, sentía los nervios que siempre predecían un desenlace sorprendente. El protagonista sacó su arma y…. ¡A cenar!
Asustado, se despertó, miró el reloj y ahí sí que presintió el desenlace fatal que le esperaba. Era las nueve de la noche, en su papel solo había un título y el final no escrito anunciaba una muerte: la suya cuando su madre supiera por la profesora que no había entregado la historia que había mandado para el día siguiente.
Se levantó, suspiró y con resignación tuvo que admitir para sí que al menos conseguiría su propósito: su historia no dejaría indiferente a nadie.
Emaleth

lunes, 22 de febrero de 2016

La montaña dormida IV

No supo cómo había llegado a la pequeña habitación que había alquilado en las proximidades del Berghof, en Berchtesgaden.
La perplejidad y la confusión pugnaban por destacar una sobre la otra sin éxito alguno. Se tendió en la cama y se sumergió en confusas ensoñaciones. En ellas podía verse siendo uno de esos hombres, moviéndose en círculo hasta que la sangre lo hacía caer para seguidamente levantarse frente al objeto que ocultaba su verdadera figura tras una luz deslumbrante. Intentó escapar de los brazos de la inconsciencia, pero la letanía que aún escuchaba en sus oídos le mantenía en ese estado hipnótico.
Cuando por fin pudo abrir los ojos, la sed quemaba su garganta y cada trozo de su piel se hallaba empapada de sudor. Al intentar incorporarse, sintió una oleada de dolor y agotamiento como nunca antes había sentido. Miró la mesa donde reposaba un gran vaso de agua y, por un momento, estuvo convencido de que jamás sería capaz de llegar hasta él. No se rindió. Un nuevo esfuerzo consiguió ponerle en pie y con el único objetivo de llegar hasta el agua avanzó pesadamente hasta allí. Con temblor, acercó el vaso hasta sus labios y no lo apartó hasta que no hubo nada en él. Lo repitió varias veces hasta dejar vacía la jarra que reposaba a su lado.
Sintiéndose mejor, se sentó frente a su diario de viaje y no se levantó de nuevo hasta que plasmó en palabras todo lo que había presenciado la noche anterior. Después de lo que había visto, dudaba en poner en práctica su plan inicial: era consciente de estar cruzando un sendero más peligroso de lo que había imaginado. Necesitaba información, así que se duchó, vistió, alquiló un coche en Berchtesgaden y se dirigió, siempre acompañado de su diario, a Salzburgo situado a penas a 30km. Estaba seguro que en la Biblioteca de su Universidad podría hallar el saber necesario que otorgara algo de luz en donde hasta ahora solo había oscuridad.
A penas había tráfico. Si no hubiera sido por el caos de ideas que retumbaban en su cabeza podría haber disfrutado del magnífico paisaje que se mostraba ante él. Sin embargo, la proximidad y majestuosidad del Untersberg no hacía más que acentuar su nerviosismo. Se sentía vigilado y amenazado por ese misterio que albergaba en su interior, por esas palabras que le había revelado el Sello de la Verdad…
No tuvo problemas para acceder a los libros no catalogados para el uso público. Su nombre seguía abriéndole muchas puertas aunque casi había olvidado aquellos tiempos académicos donde los libros, los exámenes y las clases eran todo su mundo. Cuando entró en el depósito casi sintió nostalgia, pero pronto lo olvidó cuando recordó lo tedioso y monótono de aquél trabajo.
Las referencias a sectas y a grupos seguidores del nazismo eran ingentes, podría tardar años en encontrar algo que pudiera servirle. Tenía que limitar la lista de alguna manera con datos concretos que no poseía puesto que los encapuchados que vio no tenían ningún dibujo en sus ropas ni ningún símbolo identificativo que les diferenciara del resto de fanáticos. La ceremonia con sangre tampoco, de hecho, hubiera sido extraño que no se hubiera sucedido así que, ¿por dónde empezar?
Dejó el cursor del ordenador sobre el campo de búsqueda por palabras e introdujo “secta, ritual, sangre, nazi” para después tocar la lupa que había a su lado. La respuesta fue inmediata y aterradoramente extensa. Pensándolo bien, no podía ser de otra manera con términos tan vago, había que ser más concreto. Añadió “Berhof, Watterbargen, Untersberg, nido de las águilas, Carlomagno, Federico II, Gran Germania”.
Contuvo la respiración y volvió a dar al botón de búsqueda. Seguía siendo muy amplio. Lo intentó de nuevo con “Nido de las águilas, secta” y delimitó la información a los dos últimos años. Parpadeó la pantalla y dos archivos surgieron. El nombre de uno de ellos oscurecía aún más si cabía tan siniestra historia…Continuará...
Emaleth

viernes, 15 de enero de 2016

Actualidad política: ¿Novedad o más de lo mismo?

El año 2016 empezó como terminó el 2015: la incertidumbre en el escenario político democrático español y la inagotable e insufrible campaña catalana de desmembramiento estatal.
Si un rayo de esperanza nos deslumbró con la renuncia y rendición de Arturo Mars, un nubarrón se encargó de ocultarlo bajo acciones más que cuestionables y argumentaciones sin sentido. Sin duda, en la actualidad, Platón hubiera suplicado por la existencia de sofistas: al menos sabrían hacer discursos y buen uso de la palabra…otra cosa son las intenciones.
Las elecciones generales de finales de año me fueron igual de indiferentes que las anteriores: mismos argumentos, mismos reproches, mismos datos económicos y sociales…donde la única novedad consistía en la participación de nuevos partidos que se servían de su aún inocencia política para arremeter contra el bipartidismo octogenario que sufrimos casi desde el inicio de la democracia.
“Mismos perros con distintos collares” decía mi abuelo. No sé si yo afirmaría lo mismo, lo que sé realmente es que la novedad solo reside en la imposibilidad de una mayoría absoluta por alguno de los partidos. El resto ya lo conocemos de sobra: palabras de campaña que se las lleva el viento para ser sustituidas por la búsqueda de acuerdos favorables no siempre para el votante.
El auge de los debates y el intento de los periodistas por hacerlos parecer diferentes me parecieron absurdos. El grupo Antena Tres Media enumeró una serie de preguntas de interés general y los candidatos las respondieron, si es que lo hacían, de igual manera a cuando se presentaba un tema y se les daba tiempo para exponer su punto de vista. La novedad una vez más brilló por su ausencia, y si la hubo, tal vez fue la ausencia del Presidente del Gobierno en uno de ellos.
Si a mí me hubieran preguntado en las últimas elecciones como ciudadana cuál sería la cuestión que plantearía a un político, fuese del partido que fuera, lo tendría muy claro: De todo lo que proponen, ¿qué se pueden llevar realmente a cabo de su programa en un Estado que obedecerá a pactos entre partidos enfrentados en sus ideales y cuya aprobación depende del permiso último de Europa?
Ya es tarde…La cifra del final del año cambia el uno de enero, pero la situación política decadente, absurda y de patio de colegio sigue, para mi pesar, igual.
Emaleth

martes, 27 de enero de 2015

La inexistente libertad de expresión

Un concepto destacable y diferenciador en las democracias actuales respecto a regímenes autoritarios o totalitarios es, precisamente, el derecho a la libertad de expresión. Presumimos de él sin ningún pudor y, con orgullo, lo exhibimos como signo de individualidad frente al pensamiento colectivo imperante. Suena bien pero temo que se aleja de la realidad porque, hoy en día, liberar una afirmación, sea objetiva o no, asemeja al acto de rebeldía de un adolescente a sus progenitores por no ceñirse y aceptar lo impuesto. En ambas situaciones, no tendrá razón y sí castigo.
Con el paso de los años, teniendo siempre en mente a aquél adolescente, el individuo aprende a morderse la lengua para evitar conflictos y, sin duda alguna, parece la elección correcta si escuchamos al sentido común. El verdadero problema y peligro es cuando esto se da en el ámbito político, social, económico y cultural.
La gente tiene miedo a expresar sus opiniones o argumentos por el mero hecho de que la etiqueten en un grupo mal visto por el resto de la sociedad (tal vez también piensen lo mismo, pero eso se lo guardarán para ellos) o, como se dice en la actualidad, que sea políticamente incorrecto.
No hablar sobre lo que uno no sabe es sensato y aconsejable para no quedar en evidencia. Sin embargo, la ignorancia es atrevida y de esto se aprovechan todos aquellos que se creen con derecho de darnos lecciones de moralidad puesto que, si fuera de otro modo, cualquiera podría enfrentarlos contestando a cualquier tipo de ataque o clasificación ideológica con argumentos fundamentados en el lenguaje, en la historia o en cualquier ámbito de conocimiento. Pero, no hay ninguna respuesta, solo silencio y evasión a preguntas o acusaciones como forma de salvarse a sí mismos. El “yo solo sé que no sé nada” de Sócrates ha degenerado a ser la solución para evitar conflictos y rehuir responsabilidades anulando, silenciando y sustituyendo el derecho a la libre expresión por la máxima de “oír, ver y callar”.
Emaleth

jueves, 28 de agosto de 2014

El despertar



Jaelle despertó y, con ella, se abrieron unos tristes ojos color carmesí. El dolor la inundó al saber que otro día había comenzado, que tendría que volver a mentirse para poder justificar el significado de su existencia. Movió la cabeza de un lado para otro sabiendo que ese gesto no serviría para olvidarse de viejos fantasmas pero, ya no la importaba.

Se levantó con la idea de dirigirse al baño y, mientras la realizaba, un escalofrío recorrió todo su cuerpo. Entrar allí conllevaba el verse reflejada en el espejo, objeto único en toda la casa, el apreciar una imagen que la causaba aversión y un sentimiento de profundo vacío. No es que su aspecto no fuera digno de mirar, es más, sabía que llamaba la atención con su sedoso pelo negro salpicado de tonos azulados y con sus pocos comunes ojos rojizos. Era lo que se conoce por una chica atractiva pero pensaba que no podía reflejar nada más, que su alma estaba vacía.

Finalmente, entró esquivando con gran habilidad, fruto de largos años de experiencia, la superficie que coronaba el lavabo. Sabía que no podía eludirlo constantemente. Respiró profundamente y, tras unos segundos, se giró bruscamente hacia lo que había estado evitando para acabar dándose de bruces con su mal entendida realidad.

Sí, ahí estaba, lo podía ver perfectamente. Él era aquel ser que la fascinaba y, a la vez, la hacía alcanzar los límites de la locura. La miraba con ojos inexpresivos que ocultaban oscuros secretos. No podía huir de aquella irónica sonrisa que había dibujada en aquella cara y que la hacía caer en un delirio enfermizo. Solo las lágrimas derramadas eran testigos de tales enfrentamientos, solo ellas sabían que al final avanzaba con paso firme para darse a conocer en un futuro cercano.

Tras dudosos intentos, se incorporó intentando no dar importancia a sus miedos, convenciéndose con incoherentes y absurdos argumentos de que todo iba bien. La monotonía la esperaba y la hora la hacía recordar que vivía en un mundo donde el tiempo dominaba y hacia ver el duro cumplimiento de una serie de obligaciones que no podían posponerse. No quiso perder más tiempo en imágenes estúpidas y sin ningún sentido.

Rápidamente cogió lo primero que había en el armario y se vistió. El aspecto no la importaba y, aún menos los comentarios superficiales que pudieran hacer unos cretinos que no mostraban más que absurdos disfraces que escondía miedos no asumidos.

Al ir a coger el abrigo, reparó en el dedo índice de su mano izquierda, en la única joya que decoraba alguna parte de su cuerpo. El por qué tenía aquel anillo había sido olvidado desde hacía demasiado tiempo pero, la gustaba creer que la piedra azul que adornaba la montura representaba algo que escapaba a la razón. Apartó la mirada de él y se prometió que dejaría de leer novelas de fantasía.
Sus problemas y alucinaciones tendrían que esperar, ya había perdido demasiado tiempo en bobadas. El retrasar lo inevitable no podría traer otra cosa que nuevas preocupaciones.
Salió de casa y se dirigió con paso decisivo hacia su coche. Montó en él, lo puso en marcha y se alejó hacia su destino mientras escuchaba las palabras de una triste canción cuyo significado la hacía adentrarse en una profunda melancolía. Nunca podría alcanzar lo que también esa letra reclamaba porque sólo eran sueños por los que se había cansado de luchar, ya no tenía fuerzas para seguir con ilusiones carentes de sentido.
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El transcurso del día hizo olvidar aquella experiencia vivida por la mañana. La hubiese gustado contárselo a alguien en busca de alguna comprensión pero no tenía a quién, era tan sencillo como eso. Jaelle no creía nada, en nadie, para ella todo era hipocresía y, si quería que no la hiciesen daño, debía confiar sólo en ella misma. Creía ser suficientemente fuerte para hacer frente a cualquier problema y, su apariencia daba fe de ello pero, quién era capaz de realizar semejante propósito. Una vez más sacudió su cabeza en un inútil intento de borrar tales pensamientos y se concentró en la sola idea de ser autosuficiente en una vida donde todos van contra todos, incluso, contra sí mismos.

Mientras escribía su habitual artículo en un periódico de escasa tirada, volvió otra vez a fijarse en aquel anillo que la tenía totalmente fascinada del mismo modo que la primera vez que se lo puso. Solo recordaba esa sensación, nunca cómo llego a sus manos.  Empezó a examinarlo detenidamente hasta que notó como la redacción empezó a girar en torno a ella. No podía hacer nada para pararlo. Las vueltas eran cada vez más rápidas y, con estas, surgió una presión en su cabeza que aumentaba a cada segundo. Abrió la boca en un intento inútil de gritar pues ningún sonido salió o, si lo hizo, se perdió en el vacío. Entonces fue consciente de que el pánico se había apoderado de su cuerpo y mente. Deseaba que aquello acabase, que alguien se apiadase y la matase en aquel mismo lugar y, con ello, conseguir apartar los ojos de aquella piedra que parecía burlarse de su situación. Inesperadamente, todo dejó de girar para dar paso a una escalofriante carcajada. Silencio tras la tormenta. Sí, el silencio y el descanso llegaron en forma de desvanecimiento para aliviarla de confusos pensamientos y crueles imágenes cargadas de secretos ocultos.
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Transcurrieron varias horas hasta que los ojos de Jaelle volvieron a abrirse. Un fuerte dolor aún quedaba en su cabeza como recuerdo de lo sucedido. La niebla que cercaba sus pensamientos se dispersaba haciendo que todo empezara a tener sentido por momentos. El miedo la cortó la respiración. Sin pensar, se levantó y corrió a refugiarse en su coche. Lo arrancó y pisó hasta el fondo el acelerador. No importaba lo que pudiera sucederla, incluso buscaba el beso frío y eterno de la muerte para evitar un nuevo enfrentamiento con ese ser cuya carcajada aún resonaba en sus oídos. Lo que escuchó no era de este mundo y, fuese donde fuese, no quería saberlo.

La noche empezaba a envolver la ciudad con su oscuro manto y, Jaelle se cubrió con él al llegar a donde estaba situada su casa. No recordaba cómo había llegado allí. Tampoco la importaba. Con pasos cautelosos se acercó a la puerta dudando si debía o no debía entrar en el sitio donde las pesadillas habían comenzado. Sus manos temblorosas dispusieron la decisión que no se atrevía a tomar haciendo que el muro que separaba dos realidades se abriese. Por un instante su voluntad se resistió a ir más allá pero su cuerpo entró en ese ambiente que era tan extrañamente familiar. De repente, un portazo y una risa se clavaron en lo profundo de su ser. Esa era la señal, no había duda y, con ella, supo lo que venía después.

Sus ojos se habituaron pronto a la oscuridad, pero no sirvió para disminuir el terror que la paralizaba. Sabía que no estaba sola, lo podía sentir en las sombras que inundaban el salón de su casa.

En aquella fría atmósfera solo notó el calor que desprendía la piedra azulada que adornaba su dedo. Algo semejante a las palpitaciones del corazón acompañaban a los destellos de luz que el anillo desprendía. Cuando Jaelle intentó tocarlo, un fuego abrasador hizo que apartara su mano y, seguidamente, montura y piedra se desprendieron. Esta última se quedó flotando en el aire emitiendo distintas tonalidades azuladas y, cuando Jaelle creyó que ya no podía pasar nada más inverosímil, ésta se dirigió hacia el piso superior con una luz pálida, mortecina.

La siguió con pasos que dudaban el continuar avanzando. Su respiración entrecortada era la única cosa que se revelaba contra el silencio que imperaba en la casa. Por fin, la piedra se paró. El sudor frío pasó a ser protagonista al abrirse camino por la espalda de Jaelle cuando fue consciente del lugar en donde había entrado la brillante gema. Todo había vuelto al punto de partida, al espejo del baño donde veía a ese personaje sobrenatural que la llenaba de terror. La piedra la miraba como si todo se tratase de una broma pesada, desafiándola a que siguiera sus pasos. Ya faltaba poco para que se decidiese el final de aquel juego donde el querer o no participar era lo de menos.

Entró situándose tras la esfera azulada pero se negó a levantar la mirada hacia el espejo. Sin embargo, una voz la invitaba a enfrentarse contra la imagen de aquel ser. Una y otra vez resonaba en su mente; las palabras eran peligrosamente tentadoras y, se rindió a ella. El resistirse no era opción, solo era el continuar evitando lo evidente y prolongar un sufrimiento innecesario.

Armándose de valor, alzó sus ojos carmesíes que chocaron con los del espejo. Todo empezó a encajar al mirar a ese ser sin vida cuya expresión reflejaba la necesidad de matar. Acentuó su sonrisa al levantar la mano y, con un leve gesto ordenó algo a la piedra. Cómo deseó el significado del lenguaje que acababa de utilizar pero, Jaelle no pudo pensar más porque la esfera azulada se clavó en su corazón. Su cuerpo reaccionó temblando ante el impacto recibido. Los sentimientos de dolor y alivio se mezclaban en un mundo de confusión que cesó cuando su existencia cayó hacia el vacío, hacia la nada más absoluta. Solo entonces el silencio tuvo sentido.

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Jaelle despertó y, con ella, se abrieron unos ojos sabios color carmesí pero, esta vez, no tuvo que intentar nuevas mentiras que justificaran su estancia en un mundo que ya no la pertenecía y del que nunca había formado parte. Sí, por fin sabía quién era, cuál era su lugar y el significado de su existencia. Si lo pensaba era irónico, lo había llevado siempre consigo sin averiguar que ese anillo era su verdadera alma, su pasaporte hacia la inmortalidad.

Ya no podía perder más tiempo con aclaraciones, las obligaciones se acumulaban desde su breve experiencia mortal. Ella era la Parca, la que concedía el dulce beso, la que premiaba a cada persona con el eterno descanso del que nadie retornaba jamás y, no era justo seguir prolongando el sufrimiento de personas tan vacías como ella misma…

Emaleth

miércoles, 18 de junio de 2014

La novedad y su necesidad


La reciente abdicación del Rey ha revolucionado los distintos espacios informativos, ha llenado las conversaciones entre las personas y, por supuesto, ha iniciado movimientos a favor y en contra de la monarquía.
Si pienso en los que anhelan la vuelta de la República, entiendo que vean este suceso como una oportunidad para el cambio pero me sorprende su popularidad entre la gente joven.
Sé que un ejemplo no es justificación para generalizar pero entiendo cuál es el panorama educativo y da que pensar… El joven del que hablo acaba de finalizar sus estudios de bachillerato, y ante su fervorosa defensa de la República, creí conveniente indagar un poco… El resultado no fue muy sorprendente pues no supo responder, entre otras preguntas, qué era una República, si la última habida en España se impuso o fue fruto de un acuerdo, el coste de la misma, e incluso, no sabía muy bien qué era un referéndum.
Mi intención no es alertar sobre el muy discutible sistema educativo actual pero sí resaltar la facilidad con la que nos ponemos de una parte y de otra sin saber a penas nada de lo que estamos defendiendo. No solo eso, no sabemos priorizar unos asuntos sobre otros según su grado de necesidad y emergencia. De repente, la obsoleta y nula clase política ha conseguido un respiro gracias a que las críticas han derivado a otro lugar. Es más, han aprovechado bien este novedoso foco de atención para ocultar los casos de corrupción y malversación con una “urgente” modificación de la Constitución. Y, ya se sabe, “aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid” pues hacemos otro par de modificaciones y así tenemos entretenida a la gente en sus tertulias cafeteras.
Pero, el carácter español al que nos aferramos para justificar nuestro comportamiento no es el único culpable. Por desgracia, los medios informativos aportan también su granito de arena día tras día. A veces pienso que funcionan a semejanza de  las estaciones: reiteración de temas por cada una de ellas enfatizándolas con distintos comentarios subjetivos para captar la mayor atención posible en sus receptores. Incluso, a lo largo del tiempo, también se repiten de forma cíclica como las estaciones: ataques de perros, mafias especializadas en distintos sectores, violencia de género, indigencia, bandas latinas, epidemias, desahucios, la dificultad de llegar a fin de mes, el paro, el fútbol, las rebajas, la corrupción política y la monarquía.
La puesta en marcha es fácil: elegimos tema, sacamos multitud de noticias referidas al mismo de forma continua y, de esta manera, ya están entretenidos los ciudadanos habiéndoles indicado en qué tienen que pensar.
Despertemos de una vez, los problemas políticos, sociales y económicos no son novedades, no funcionan de forma independiente, no desaparecen porque surjan otros ni porque se deje de hablar de ellos. La novedad es la distracción de los ignorantes, los partidismos la posición que toman como consecuencia, y yo, yo sigo preguntándome si algún día podremos salir de este círculo vicioso…
Emaleth